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MON LAFERTE HA DEJADO ATRÁS A SU “BUEN AMOR” Y SE HA CONVERTIDO EN UNA “FEMME FATALE”

Daniela Tojo
24 sept
2 min de lectura

La artista chilena opta a seis nominaciones de los Latin Grammy con su álbum Femme Fatale vol.2.


Mon Laferte para 'Femme Fatale'

Hace una semana, Mon Laferte presentaba en el famoso Tiny Desk una versión en directo de algunas de las canciones de su última creación, Femme Fatale Vol. 2. Yo estaba en el tren de vuelta a casa. No estaba triste, tampoco feliz; estaba en calma. En menos de treinta minutos pasé de ser una hermosa novia a punto de dar el «sí, quiero» a sentirme abandonada por un hombre inexistente en mi vida.


Eso es Mon Laferte: una femme fatale. Una artista poderosa, enigmática, sensual, fuerte e independiente que también es vulnerable, que se rompe y se desgarra. Esta mujer se arranca el corazón del pecho, lo coloca en la palma de su mano y, en el momento en que empieza a cantar, sucede algo extraño: tú eres ella y ella eres tú.


¿Qué persona no se ha enamorado hasta la médula? ¿Quién puede mirar al amor de frente y decir que no siente nada? El amor es, quizá, el único sentimiento que no podemos ocultar. Nos pasamos la vida buscando, experimentando, equivocándonos y aprendiendo sobre él. Y, sin embargo, no comprendo por qué la sociedad nos obliga a mostrarnos fríos, distantes y cobardes ante un sentimiento que, de una forma u otra, nos penetra a todos.


Laferte mezcla distintos géneros musicales para construir una especie de escalera emocional por la que ascendemos a través de las diferentes situaciones que podemos vivir dentro del amor. Nos permite, especialmente a las mujeres, ser intensas, apasionadas y sentir desde dentro para fuera.


Además, Mon se presenta ante su público como Monserrat. Habla con sinceridad y firmeza, pero también con una enorme delicadeza. Cambia de idioma, juega con las palabras y, aun así, nunca deja de mostrarse transparente. Permite que ese torbellino que lleva dentro se detenga por un instante: que se siente, piense y mire fijamente a un punto mientras llora o, quizá, mientras baila.


Y es precisamente ahí donde reside la magia de Mon Laferte: en conseguir que, durante unos minutos, dejemos de ser espectadores para convertirnos en ella. Para sentir lo que siente. Para recordar aquello que creíamos olvidado. Para volver a enamorarnos, aunque solo sea durante una canción.


Ahora solo queda esperar que la Academia de los Latin Grammy sepa reconocer lo que hay detrás de Femme Fatale Vol. 2: una obra que no teme sentir, romperse ni mostrarse vulnerable.



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