DE 2 EN 2: EL ÉXITO FEMENINO PARECE SEGUIR DANDO MIEDO A LOS PROMOTORES DE FESTIVALES UN AÑO MÁS

Solo un 2%
Esos son los puntos que ha subido la presencia de mujeres en los 10 festivales más importantes a nivel nacional desde el año pasado hasta ahora.
760 artistas, 83 cabezas de cartel, de las cuales 17 mujeres solistas y 0 grupos femeninos.
Y la cosa sigue sin mejorar en festivales más pequeños; de 145 festivales analizados por la asociación MIM, solo el 17% de estos alcanza la paridad del 60/40, y únicamente el 22% de los artistas son mujeres.
Este mismo estudio encuestó a más de 800 empresas del sector y estas desvelan que a pesar de que en las plantillas de la industria musical se cuente con bastantes mujeres, la mayoría de puestos directivos siguen siendo principalmente ocupados por hombres.
Tal vez, este último dato sea irrelevante para muchos, incluso quizá no parezca tener relación con esta infra-representación con la que nos encontramos cada verano en los escenarios más importantes del país, pero, y si la tiene de forma indirecta?
Hace un tiempo recuerdo oír hablar constantemente sobre el “male-gaze”, esa perspectiva heterosexual y patriarcal de la que parece imposible escapar y que hace que recuerde anécdotas en festivales, como aquel en el que escuché a un par de hombres hablar sobre “lo buena que estaba” la cantante que actuaba en ese momento para poder justificar que estaban disfrutando de su concierto, o en el que, de nuevo, otro grupo de amigos comentaba que “no entendía” el show de otra artista femenina, comparándola con otro artista masculino y diciendo: “a él no le hacía falta tanto espectáculo, saliendo él solo al escenario sin bailarines, ni escenografía ya conquistaba al público”. Como si el sistema que obliga a las mujeres artistas a ser impecables mientras que los hombres pueden limitarse a llevar a cabo su trabajo más básico no lo hubieran impuesto esos mismos que ahora lo comparan y aun con eso, lo critican.
Y sí, creo que todas estaremos de acuerdo en que son situaciones desesperanzadoras, incluso frustrantes y que por desgracia explican un poco las estadísticas que hemos mencionado antes. El éxito femenino no solo parece no interesar, sino que incomoda, y eso, los promotores y peces gordos de la industria lo saben perfectamente, por lo que aparentemente, prefieren no arriesgarse a que el público masculino tenga que admitir que una artista femenina es buena ni obligarles a “entender” todo lo que hay detrás de una performance más allá de la música, sino que les es más sencillo sumar únicamente dos puntos a un porcentaje ridículo que año tras año es más y más penoso.
Porque no es que las mujeres vendan menos que los hombres, no es que tengan menos público, y por supuesto, no es que no tengan una audiencia que no vaya a invertir en ir a verlas, ni cualquier otra excusa que se pueda leer en los comentarios de cualquier post que hable de este tema.
Tal vez la razón de la desigualdad en los carteles sea el miedo a incomodar, el miedo a llenar espacios de ocio de fanáticas, niñatas, locas y esa larga lista de adjetivos despectivos que se inició en la “beatlemanía” y que nos persigue a las mujeres que consumimos e invertimos en música a día de hoy.
Porque desde luego, ellos consumen cultura y nosotras, solo somos fans locas. Y estos datos son solo una pequeña muestra de todo lo que nos queda por luchar a las mujeres tanto dentro como fuera de la industria, todo lo que nos queda por incomodar, todo lo que nos queda por hacernos oír y todos los puntos que nos quedan por sumar a ese pequeño porcentaje para alcanzar una igualdad real, que parece que muchos piensan haber conseguido hace tiempo pero que otro septiembre más demuestra todo lo contrario.


